La paradoja de los árboles de Navidad (o por qué vender por debajo de coste)

Muchas personas no creen que algo se pueda llegar a vender por debajo de precio de coste, ya que no encuentran ninguna razón para que alguien quiera perder dinero vendiendo algo (un argumento muy manido en el mercado inmobiliario en los últimos tiempos). Aunque la respuesta a por qué esto no solo puede ocurrir, sino que ocurre, es bien sencilla: porque aun así es la mejor alternativa. Los costes de oportunidad dichosos.

Es lo que llamo la “paradoja de los árboles de Navidad”:

A principios de diciembre, un empresario compra un cargamento de árboles de Navidad: verdes y frondosos, paga 100 por cada unos de ellos y los pone a la venta por 200. Las ventas se van produciendo, aunque no al ritmo esperado, así que viendo que el día 25 de diciembre aun tiene muchos sin vender, decide rebajarlos a 150. Al fin y al cabo, ya está ahí la Navidad y un margen del 50% tampoco está tan mal. Pero aun así, no consigue vender más que unos pocos: la mayor parte de la gente ya ha colocado sus árboles de Navidad, y otros empresarios están vendiendo sus últimos abetos todavía más baratos.

Cercano ya el día de Nochevieja, a nuestro comerciante aun le quedan muchos de esos árboles por los que pagó 100 y se plantea qué hacer con ellos pues están empezando a afearse en el almacén. Se plantea intentar conservarlos de alguna forma hasta el año siguiente, pero el coste de hacer eso sería muy superior a lo que le costarían otros árboles el año siguiente (además, no está tan seguro de que quiera repetir la experiencia…). Se informa de la posibilidad de tirar los árboles y descubre que para ello tendría que pagar los portes, y seguramente abonar una tasa (no solo perdería los 100 que ha pagado por cada arbol, sino que le costarían todavía más…).

Así que los rebaja a 10 (¡no se lo puede creer… ¡le habían costado 100!) durante un par de días (consigue incluso vender alguno que otro…) y el día 6 de enero, desesperado, coloca un cartel bien grande en la puerta de su almacén anunciando que “se regalan abetos”.

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Motivación: el factor invisible de la excelencia

Se escucha mucho hablar de la ‘excelencia’, a menudo contrapuesta a la ‘mediocridad’ -lo cual le da un sentido demasiado peyorativo a esta última, obviando el significado real de mediocre-. Se diría que la excelencia es el objetivo primordial al que debe aspirar un profesional, una organización.

Son muchos los que intentan dar fórmulas cuasi-mágicas para la excelencia, muchos los conceptos, estrategias y procesos que nos cuentan para alcanzarla. Pero hay una cualidad que diría que está presente siempre detrás de la excelencia: la motivación. No la motivación como deseo finalista “quiero ser excelente”, sino como ánimo que impulsa a hacer las cosas. Muchas veces la excelencia se alcanza, por tanto, incluso sin proponérselo partiendo de una motivación personal (pensemos en el caso de tantos deportistas) que lleva a la disciplina interior, o simplemente a hacer las cosas bien sin más razón que la satisfacción de hacerlo como uno cree que debe ser.

Asi pues, a menudo la motivación es un asunto personal que desarrolla, ‘educa’ y hace crecer el propio individuo (automotivación) pero desde luego también cabe despertar en otros la motivación (hay auténticos expertos en ello).

Pero…¿saben tantas organizaciones que presumen de excelencia o de querer alcanzarla cómo motivar a los miembros de la misma? O, más importante aun, ¿saben cómo conservar la motivación con que esos miembros venían de serie?

Lectura recomendada: ‘¿Qué hace falta para ser un líder?’, Daniel Goleman. Publicado en el nº 126 de Harvard Deusto Business Review. [pdf en inglés]

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Competencia y Jerez: el dilema paradójico

Hace apenas unas horas, se ha conocido que la Comisión Nacional de la Competencia ha impuesto una millonaria multa a un buen número de empresas productoras-distribuidoras de Vino de Jerez. Las ’sentencias’ de este organismo siempre son interesantes de analizar si te interesa la economía, pero en este caso me ha parecido un ejemplo de libro para explicar el dilema del prisionero, ya que una de las bodegas implicadas -la de la familia Ruiz-Mateos- ha salido libre de multa por colaborar en el proceso.

En el esquema de la matriz de pagos de un dilema del prisionero, todos escogieron esperar a ver si pasaban los plazos y quedaban sin sanción, y uno se saltó el ‘acuerdo’. Ahora, el resto se comen una sanción multimillonaria que seguramente aboque a más de una bodega al cierre, mientras que el colaborador no solo se queda sin multa sino con menos competencia. A veces, las actuaciones de la Comisión Nacional de Competencia son así de paradójicas…

Y, ¿por qué puede llegar a ocurrir esa paradoja de que alguien acabe quedándose sin competencia en un supuesto proceso de defensa de la misma? La razón se llama ‘Programa de Clemencia’:

La clemencia puede beneficiar a aquellas empresas que aporten elementos de prueba que posibiliten a la CNC la detección del cártel, siempre que no hayan sido las instigadoras del mismo y pongan fin a su participación en la conducta prohibida.

El programa de clemencia supone, para las empresas que forman parte de un cártel una suerte de vía de salida, ya que, si cumplen determinados requisitos, podrán beneficiarse de la exención o reducción en el pago de la multa que les habría correspondido por su participación en el acuerdo prohibido.

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Fase REM

Volvió a cruzársela a las 8 menos 7 minutos.

Como el día anterior. Al igual que cada domingo a las once y cuarto cuando salía al quiosco.
No le importaba, porque ello le permitía volver a verla una vez más. La veía acercarse unos metros más allá y levantaba la vista como si al día siguiente no fuese a verla más, como si quisiese contar cuántas vetas había en aquellos ojos marrones. Se cruzaban, y el olor de su pelo todavía húmedo lo impregnaba todo durante unos instantes.

¿Dónde lo había olido antes?. A veces tenía la impresión de que ella le miraba, también pensativa. Tal vez se había dado cuenta de que se cruzaban todos los días a la misma hora en el mismo lugar. A veces creía ver que se le escapaba entre los labios una pequeña sonrisa. Entonces, él miraba al suelo fingiéndose distraído y sólo alzaba la mirada cuando la distancia entre ambos volvía a aumentar.

Ahí terminaba su encuentro de cada día. Nunca volvía la cabeza porque le daba miedo. No era su espalda, sino su cara. Temía que por una de esas casualidades, ella hiciese lo mismo y le viese intentando escudriñar dónde había visto esa mujer antes.

Por la noche, como cada una desde hacía más de tres años, se miraron, hablaron, se abrazaron y decidieron que tenían que pasar más tiempo juntos para mejorar su relación.
Pero cuando algo antes de las 7 de la mañana, como todos los días, en sus casas sonó el despertador, ninguno de los dos fue capaz de recordarlo. A las 8 menos 7 minutos volvieron a cruzarse dos viejos desconocidos.

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La generación perdida

Nacieron en los 80 y crecieron con Barrio Sésamo o los más sosos Mundos de Yupi primero, y luego con Bola de Dragón o los partidos interminables de aquellos ases del balón que eran Oliver y Benji. Se hicieron adolescentes con el Windows 95 y Héroes del Silencio. Creyeron que estudiar una carrera universitaria les abriría las puertas a un trabajo interesante y bien pagado y aprendieron a temer que la Selectividad les privase de la vocación que acababan de crearse.

Crecieron en paz y en relativa prosperidad. La justa para acostumbrarlos a disfrutar consumiendo. Tuvieron clases de ‘Ética’ en el instituto y les enseñaron a alegrarse por los logros ajenos. Jugaron en la calle y con videojuegos. Desarrollaron conciencia ecológica.

El 30% de estos jóvenes que están a punto de llegar a la treintena están en paro. Muchos de ellos quizá no lleguen a tener nunca un trabajo. Para la mayor parte de ellos la única esperanza laboral está puesta en seguir estudiando, ahora para sacarse una oposición. Eran la generación destinada a cambiar el mundo, ahora son solo una generación perdida.

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Hora de (no) hablar


Extraído de ‘Las Consecuencias’, el último (hasta el momento) disco de Enrique Bunbury.

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Todos los raros (Punsetes + Montañas)

Cantan los LoL en una canción eso de “…todos los raros fuimos al concierto…” y a veces tiene uno esa sensación, como esta noche en los conciertos de la Laboral, donde se reunieron dos de los grupos más locos (en el mejor sentido de la palabra) del momento: los asturianos ‘Montañas‘ y los madrileños ‘Los Punsetes‘.

La misma noche que en la plaza de toros tocaban ‘Pereza’, estos dos grupos hicieron las delicias del personal congregado, un público de lo más heterogéneo que se lo pasó pipa. Una gente que al final del concierto compra las canciones de ambos grupos en vinilo. Una Ariadna (Los Punsetes) a la que es facil fotografiar sin flash por eso de que no se mueve en todo el concierto. Un cameraman con un ingenioso sistema para estabilizar la imagen a base de codos de tubería. Gafas de pasta a tutiplén y más camisetas freak. Pues eso, que todos los raros estábamos allí.

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+ fotos de este concierto en el Flickr de EVMocio

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Leía el otro día en el blog de una amiga una reflexión que me gustó y me hizo pensar.

La vida es un continuo devenir de acontecimientos, decisiones, responsabilidades, penas y alegrias. Como si de una carrera profesional se tratara, uno va ascenciendo, quemando etapas… y cuando te quieres dar cuenta, las cosas han cambiado radicalmente, ya no eres esa niña, que se levantaba cada día para ir a clase, tu mayor preocupación deja de ser el aprobar un misero examen, o con quien saldrás el fin de semana … , es como ir pasando de ser Becario, contrato en practicas, Junior, Senior, Manager…. La mejor etapa quizás fuera la de Becario, tus decisiones no pesan tanto, por lo cual no te comes tanto la cabeza a cada paso que das, simplemente, te dejas llevar y disfrutas… pero tampoco haces nada interesante, y tampoco se puede uno estancar.. hay que aprender a pasar página en esta vida, no te puedes aferrar al pasado, hay que dejarlo ir, y disfrutar de lo que se te presenta, con valentia y sin miedo a nada. Pero recuerda,… tú siempre tendrás la última palabra.

Casi que no voy a añadir nada mas :)

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El ‘Very Good Trip’ de Renault

Por mucho que algunos digan, Renault es una de esas marcas de automóviles para el gran público que siempre apuestan por la innovación, tanto en automóviles (véase su proyecto ZE), como en marketing (mítica campaña en RDS) además de ser -y esto ya es orgullo de poseedor de un Megane Coupè- de las pocas marcas ‘de calle’ con dos campeonatos de F1.

El caso es que, innovando en lo del marketing, Renault lo ha vuelto a hacer, al lanzar la campaña ‘Very Good Trip’, que viene a ser una especie de concurso de telerrealidad de viajes con Internet como trasfondo, para el lanzamiento de sus nuevos Coupés-Cabriolets. Hasta el 14 de mayo, parejas de toda Europa pueden dejar su video-cv en la web (estáis a tiempo!) para participar en una aventura que a lo largo de 4 semanas les llevará a recorrer Europa a bordo de los coupé-cabrio de Renault. Algo así, por buscar similitudes, como un ‘Pekin Express’ a bordo de dos roadsters por las carreteras de Europa. Vamos, todo un ‘Road Trip’ en condiciones.
Ya solo eso es todo un reto y un premio en sí, pero además, uno de los ocho equipos (uno por país) se llevará…¡Un coupé cabrio para cada miembro, con un año de gasolina y seguro!.

¿Alguien quiere ser mi pareja? :) ;) .
Porque lo cierto es que el coche (los coches) es toda una preciosidad… y la idea de pasarse varias semanas recorriendo Europa en uno de ellos mientras lo ‘retransmites’ para el mundo es, cuando menos, tentadora.

Por cierto, que aunque no participeis en este Road-Trip, podeis entrar a la web a conocer la aventura, votar, y llevaros regalos….

Os dejo el trailer de la campaña:

PD: El Renault Wind es precioso, pero yo me pido un Megane Coupé Cabrio. :o

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Matrix: lucha contra la realidad

Pollo a lo Matrix
Pues eso. La imagen es CC By así que si la usas por ahí, que sea con atribución….

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