Archivo para octubre, 2011

Madurez

Relatos 22 de octubre de 2011

Caminaban siempre al mismo paso los dos, y casi siempre cogidos de la mano. Sabían a donde iban pero caminaban con la cadencia y el ademán de quien sale a pasear por una ciudad desconocida por el puro placer de recorrerla.

En ocasiones, incluso se les podía ver señalando y descubriéndose el uno al otro algún pequeño detalle como si fuese la primera vez que lo veían. Se detenían y admiraban el nido que unos pájaros alborotados habían plantado en las ramas de algún árbol. Luego se daban un suave beso, apenas una caricia, en los labios y echaban a andar de nuevo.

A veces hacían un alto a mitad de camino en una cafetería, se sentaban con su taza en una de las mesas junto a los ventanales y al pasar, desde el exterior, podías ver cómo hablaban entre ellos sin necesidad de palabras.

No sé -probablemente nadie lo sabía- cómo se llamaban, sólo que eran la envidia eterna de toda la ciudad. Tal vez lo sigan siendo.

Fragmentos (A + B)

fragmentos 21 de octubre de 2011

Terminada la parte B, es momento de recopilar, una vez más, los fragmentos aparecidos hasta el momento. Los de la serie A y los de la B, antes de empezar a dar forma a la C.

Así que juntos quedan en un pdf por si a alguien le interesan.

Fragmentos: A y B (pdf 315 kb.)

Fragmentos (B.9)

fragmentos 16 de octubre de 2011

[...]hasta a su asesino.

El último mensaje que recibí de Alejandro fue precisamente uno donde el protagonista era uno de esos pequeños instantes en que una ráfaga de lucidez impregnaba algún encuentro casual.
Una madre tiraba de su hija que lloraba y berreaba por alguna razón desconocida que parecía no importarle mucho a la mujer.
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Fragmentos (B.8)

fragmentos 15 de octubre de 2011

[...]nada de nada.

El regreso a casa me dejó apagado, todas las sensaciones que habían aparecido en la ida se esfumaron en la vuelta. Encontrarme a punto de regresar a mi rutina no hizo más que avivar mi preocupación por Alejandro y arrastrarme a una tolvanera de pensamientos revueltos acerca de la importancia de las cosas. En apenas dos días, en la casa que Alejandro guardaba al misterioso Frank, la naturaleza de mi preocupación había cambiado.
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Historias cotidianas: “Para Pilar”

personal 12 de octubre de 2011

Celebro con los amigos que nos hacemos viejos. Tanto pasarnos la vida repudiando la vejez, combatiendo contra el tiempo, que de vez en cuando es bueno celebrar que siga fluyendo en el mismo sentido. Recordar que, en el fondo, disfrutamos un poco haciéndonos viejos, aunque sigamos sin entender el mundo ni tener la fórmula secreta y la nostalgia nos diga que tal vez la tuvimos y la olvidamos.

Una amiga me regala dos novelas de Paul Auster, el escritor de, entre otras cosas, el azar y la casualidad (o uno de ellos) que siempre acaba sorprendiéndome, emocionándome y dejándome una sensación de haber presenciado la magia con que ocurren las cosas pero no ser capaz de explicarla, a veces lucidez y a veces desconcierto. La primera, ‘El Cuaderno Rojo’ se abre con un prólogo de Justo Navarro que menciona precisamente el azar y la casualidad: “el mundo es un misterio azaroso”. Abro la segunda novela, ‘Un hombre en la oscuridad’. Entre la portada y la guarda un innecesario ticket regalo “por si acaso”. Dos hojas después, me sorprende algo escrito en tinta negra.
Tal vez mi amiga lo haya dedicado -a veces pido que quien me regala un libro me deje en él un recuerdo-. Pero lo que hay escrito con esa tinta de inconfundible negro no es para mí.

Allí pone claramente, “Para Pilar”. Pienso que tal vez mi amiga se haya equivocado de libro y ese estuviese destinado a otra persona. Pero la firma que hay debajo tampoco es la de mi amiga. Todo es muy raro.

Pienso en cómo puede haber acabado ese libro en mis manos. En quién será Pilar. Entonces recuerdo en qué día estoy.
12 de octubre de 2011. Cumplo 30 años. Como todos los años se encarga de recordarme alguien que dice “si hubieras sido chica, está claro como te llamarías “, hoy es el día del Pilar. Todo es aún más raro.

Me fijo más en la firma. Ahora tengo dudas sobre si ha sido estampada o no con una Mont-Blanc, pero no respecto a quién lo hizo. Lo pone claramente, pero me había obcecado buscando a Pilar: Paul Auster.

Hijo de puta. Lo ha vuelto a hacer. Lucidez y desconcierto. Magia

Fragmentos (B.7)

fragmentos 8 de octubre de 2011

[...]¿crees que es real?

Incluso una vez sabías que aquellas fotografías no eran tales, resultaba difícil creer que los pequeños matices, las tonalidades de la luz, los reflejos y las sombras eran el resultado de una serie de fórmulas matemáticas introducidas en una aplicación informática. Aparentemente, Alex había alcanzado un dominio asombroso de la herramienta a base de intentar reproducir en ella lugares que habían surgido en su imaginación como una forma de pasar el rato tras su desencanto con la fotografía.
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