Explorando la Categoría: "fragmentos"

Fragmentos (C.6)

fragmentos 8 de febrero de 2012

[...]más tiempo del que inicialmente creía.

La propietaria del edificio donde vivía Alejandro era una mujer de mejillas sonrosadas que aparentaba afable y cercana. El primer pensamiento que tuve al verla fue que si llevase un colorido capirote habría dudado si estaba ante la encarnación de Lisa, la entrañable compañera de David el Gnomo. No sé si vivía solo de las rentas de aquella propiedad, pero aunque no aparentaba tan mayor como para haberse jubilado –no creo que hubiese llegado aun a los sesenta años- no parecía tener otro trabajo aparte de soportar el correteo de unos niños vivaces que, ateniéndose a la hora, debieran estar en el colegio en lugar de colgándose por las piernas de aquella mujer.
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Fragmentos (C.5)

fragmentos 29 de enero de 2012

[...]íbamos camino de ello.

Tras el hallazgo de la foto, imposible sin el paseo anterior, reemprendí el buceo por los archivos de Alejandro con un renovado ánimo. Fue entonces cuando comencé a leer lo que había estado escribiendo. Me había prometido que sería el primero en leerlos y tras su desaparición había estado flotando sobre tal responsabilidad, barajando en mi cabeza aquella promesa. Si leer con verdadera atención es un acto prácticamente tan absorbente como escribir, ser quien pone la mirada por primera vez sobre unas palabras tal vez condenadas a perderse requiere una fuerza interior que no consiguiera encontrar hasta entonces.
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Fragmentos (C.4)

fragmentos 24 de enero de 2012

Ya había pasado antes por mi vida, aunque no sabía que se llamaba Lucía.
La había visto un viernes en la cola de la caja de un supermercado, y me había llamado la atención su forma de caminar tal que si llevase unos grilletes en los tobillos, con pasos muy cortos y lentos. Tenía un rostro amable y bonito, y un pelo negro casi a la altura de los hombros que tenía el toque justo de descuido para dejar claro que no era una de esas mujeres que vivían obsesionadas con la imagen que proyectaban. Mientras estuvo quieta, fue una mujer sencilla con un toque atractivo, y cuando tocó su turno y hubo de avanzar, acabó de despertar mi curiosidad.
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Fragmentos (C.3)

fragmentos 19 de enero de 2012

[...]como si nunca hubiese existido.

Las montañas de papeles del estudio de Alejandro se convirtieron en una conexión etérea entre el tiempo que pasaba fuera y otro que parecía haberse detenido en paralelo, en algún punto impreciso. Pronto descubrí que el alcance de lo que Alejandro había dejado atrás era demasiado relevante a los ojos de aquella especie de albacea curioso en que decidí convertirme.
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Fragmentos (C.2)

fragmentos 14 de diciembre de 2011

Más de un mes después, vuelvo pordosolía

[...]el azar y las entrañas.

Cruzar el umbral sabiendo que al otro lado de la puerta estaban las cosas que habían sobrevivido a Alejandro, a las que había dotado de significado, fue como penetrar en un santuario de extraña familiaridad. En la casa que había ocupado durante los últimos meses todo parecía igual a la primera visita que hiciera unas semanas atrás. Mi primera parada fue frente al sofá rojo del salón, donde me despertara entonces.
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Fragmentos (C.1)

fragmentos 3 de noviembre de 2011

[...]Alejandro había muerto.

Pequeños montones de papel se apilaban sobre el escritorio y a sus pies esperando turno impasibles como un inmenso pelotón sin rostro en el que cualquiera de sus miembros podía ser llamado en cualquier momento. Una señal, una elección caprichosa, –“¡tú, vente conmigo!” decidía el orden en que eran convocados, ciertamente irrelevante en tanto en cuanto todos estaban condenados a seguir el mismo camino.

¿Qué parte de la vida de un hombre podríamos llegar a conocer hurgando entre sus papeles? No sé si nos haríamos una idea más precisa que preguntando a sus amigos, a su familia o a su amante, en caso que los tuviera. En cualquiera de los casos obtendremos solo palabras, crudas y vanas, el material con que se traduce la compleja fórmula de lo que ocurre en el mundo. A partir de ahí, el gran problema reside en distinguir cuáles de todas esas palabras son relevantes, arrancarlas de entre las que definen y abarcan los matices de cada vivencia, extraer al hombre de las profundidades de sus propias palabras, de sus actos, de sus recuerdos y de los de quienes le conocieron para arraigarlo definitivamente a la historia del mundo. Para entenderlo, para encontrar la fórmula única que traduce sus actos.

No hubo cuerpo, no hubo autopsia, ni entierro. No hubo flores ni amigos glosando sus virtudes. Tan solo una repentina ausencia, lejana y velada que, como la caballería que coceara a Funes recluyéndolo en la maldición de recordar cada pequeño detalle de lo que pasaba frente a sí, me empujó a querer reconstruir a Alejandro.

Unas semanas después de mi primera visita, regresé a Brujas. Volví a aquel apartamento con el corazón encogido y la zozobra punzándome el vientre. En aquella segunda ocasión iba tras la memoria de Alejandro. Tras los fragmentos que me esperaban en los montones de papel que se desperdigaban por el estudio, entre los libros, colgados de las paredes, entre la comida que empezaba a pudrirse en la nevera, en su listín telefónico de tapas rojas. Allí estaba lo que había matado a Alejandro y allí me llevaban al mismo tiempo el azar y las entrañas.

Fragmentos (A + B)

fragmentos 21 de octubre de 2011

Terminada la parte B, es momento de recopilar, una vez más, los fragmentos aparecidos hasta el momento. Los de la serie A y los de la B, antes de empezar a dar forma a la C.

Así que juntos quedan en un pdf por si a alguien le interesan.

Fragmentos: A y B (pdf 315 kb.)

Fragmentos (B.9)

fragmentos 16 de octubre de 2011

[...]hasta a su asesino.

El último mensaje que recibí de Alejandro fue precisamente uno donde el protagonista era uno de esos pequeños instantes en que una ráfaga de lucidez impregnaba algún encuentro casual.
Una madre tiraba de su hija que lloraba y berreaba por alguna razón desconocida que parecía no importarle mucho a la mujer.
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Fragmentos (B.8)

fragmentos 15 de octubre de 2011

[...]nada de nada.

El regreso a casa me dejó apagado, todas las sensaciones que habían aparecido en la ida se esfumaron en la vuelta. Encontrarme a punto de regresar a mi rutina no hizo más que avivar mi preocupación por Alejandro y arrastrarme a una tolvanera de pensamientos revueltos acerca de la importancia de las cosas. En apenas dos días, en la casa que Alejandro guardaba al misterioso Frank, la naturaleza de mi preocupación había cambiado.
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Fragmentos (B.7)

fragmentos 8 de octubre de 2011

[...]¿crees que es real?

Incluso una vez sabías que aquellas fotografías no eran tales, resultaba difícil creer que los pequeños matices, las tonalidades de la luz, los reflejos y las sombras eran el resultado de una serie de fórmulas matemáticas introducidas en una aplicación informática. Aparentemente, Alex había alcanzado un dominio asombroso de la herramienta a base de intentar reproducir en ella lugares que habían surgido en su imaginación como una forma de pasar el rato tras su desencanto con la fotografía.
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