Competencia y Jerez: el dilema paradójico

Economía 31 de julio de 2010

Hace apenas unas horas, se ha conocido que la Comisión Nacional de la Competencia ha impuesto una millonaria multa a un buen número de empresas productoras-distribuidoras de Vino de Jerez. Las ‘sentencias’ de este organismo siempre son interesantes de analizar si te interesa la economía, pero en este caso me ha parecido un ejemplo de libro para explicar el dilema del prisionero, ya que una de las bodegas implicadas -la de la familia Ruiz-Mateos- ha salido libre de multa por colaborar en el proceso.

En el esquema de la matriz de pagos de un dilema del prisionero, todos escogieron esperar a ver si pasaban los plazos y quedaban sin sanción, y uno se saltó el ‘acuerdo’. Ahora, el resto se comen una sanción multimillonaria que seguramente aboque a más de una bodega al cierre, mientras que el colaborador no solo se queda sin multa sino con menos competencia. A veces, las actuaciones de la Comisión Nacional de Competencia son así de paradójicas…

Y, ¿por qué puede llegar a ocurrir esa paradoja de que alguien acabe quedándose sin competencia en un supuesto proceso de defensa de la misma? La razón se llama ‘Programa de Clemencia’:

La clemencia puede beneficiar a aquellas empresas que aporten elementos de prueba que posibiliten a la CNC la detección del cártel, siempre que no hayan sido las instigadoras del mismo y pongan fin a su participación en la conducta prohibida.

El programa de clemencia supone, para las empresas que forman parte de un cártel una suerte de vía de salida, ya que, si cumplen determinados requisitos, podrán beneficiarse de la exención o reducción en el pago de la multa que les habría correspondido por su participación en el acuerdo prohibido.

La Competencia se aprende rápido

Economía 26 de julio de 2006

China es una dictadura, y los chinos viven en unas condiciones poco favorables para eso del mercado y la competencia, pero desde luego, no se han olvidado de cómo es eso de competir.

Todos conocemos esa especie de bazares regentados por ciudadanos de origen chino que venden art?culos de lo más dispar a precios bastante asequibles. Dicen que esa es la clave de su éxito. Y ese éxito ha llevado a que proliferen en un grado que muchos se preguntan cómo es posible que haya mercado para tantos -lo que supongo que es el origen último de esas leyendas urbanas sobre que, en realidad, lo que hacen los chinos es cerrar a los últimos clientes del dia dentro y extirparles los órganos-.

Efectivamente, a más oferta, más donde elegir, y más probabilidad de que el cliente acuda a otra tienda similar. Bajar los precios no está claro que sea una estrategia 'ganadora', y menos en un contexto de alto proteccionismo ante la 'invasión de productos chinos' (en realidad deberían decir: 'alergia a la bajada de precios') así que a los chinos les queda, como al resto… la FIDELIZACIÓN.

El dueño de uno de los bazares que tengo al lado de casa ha conseguido aprender a competir antes que nuestro idioma: ahora por cada seis euros de compra sella una casilla en una tarjeta con diez que al completarse da derecho a un reloj, paraguas o similar gratis.

Demostrado: se aprende antes a competir que un idioma extranjero.

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