Fragmentos (C.2)

fragmentos 14 de diciembre de 2011

Más de un mes después, vuelvo pordosolía

[...]el azar y las entrañas.

Cruzar el umbral sabiendo que al otro lado de la puerta estaban las cosas que habían sobrevivido a Alejandro, a las que había dotado de significado, fue como penetrar en un santuario de extraña familiaridad. En la casa que había ocupado durante los últimos meses todo parecía igual a la primera visita que hiciera unas semanas atrás. Mi primera parada fue frente al sofá rojo del salón, donde me despertara entonces.
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Fragmentos (C.1)

fragmentos 3 de noviembre de 2011

[...]Alejandro había muerto.

Pequeños montones de papel se apilaban sobre el escritorio y a sus pies esperando turno impasibles como un inmenso pelotón sin rostro en el que cualquiera de sus miembros podía ser llamado en cualquier momento. Una señal, una elección caprichosa, –“¡tú, vente conmigo!” decidía el orden en que eran convocados, ciertamente irrelevante en tanto en cuanto todos estaban condenados a seguir el mismo camino.

¿Qué parte de la vida de un hombre podríamos llegar a conocer hurgando entre sus papeles? No sé si nos haríamos una idea más precisa que preguntando a sus amigos, a su familia o a su amante, en caso que los tuviera. En cualquiera de los casos obtendremos solo palabras, crudas y vanas, el material con que se traduce la compleja fórmula de lo que ocurre en el mundo. A partir de ahí, el gran problema reside en distinguir cuáles de todas esas palabras son relevantes, arrancarlas de entre las que definen y abarcan los matices de cada vivencia, extraer al hombre de las profundidades de sus propias palabras, de sus actos, de sus recuerdos y de los de quienes le conocieron para arraigarlo definitivamente a la historia del mundo. Para entenderlo, para encontrar la fórmula única que traduce sus actos.

No hubo cuerpo, no hubo autopsia, ni entierro. No hubo flores ni amigos glosando sus virtudes. Tan solo una repentina ausencia, lejana y velada que, como la caballería que coceara a Funes recluyéndolo en la maldición de recordar cada pequeño detalle de lo que pasaba frente a sí, me empujó a querer reconstruir a Alejandro.

Unas semanas después de mi primera visita, regresé a Brujas. Volví a aquel apartamento con el corazón encogido y la zozobra punzándome el vientre. En aquella segunda ocasión iba tras la memoria de Alejandro. Tras los fragmentos que me esperaban en los montones de papel que se desperdigaban por el estudio, entre los libros, colgados de las paredes, entre la comida que empezaba a pudrirse en la nevera, en su listín telefónico de tapas rojas. Allí estaba lo que había matado a Alejandro y allí me llevaban al mismo tiempo el azar y las entrañas.

Fragmentos (A + B)

fragmentos 21 de octubre de 2011

Terminada la parte B, es momento de recopilar, una vez más, los fragmentos aparecidos hasta el momento. Los de la serie A y los de la B, antes de empezar a dar forma a la C.

Así que juntos quedan en un pdf por si a alguien le interesan.

Fragmentos: A y B (pdf 315 kb.)

Fragmentos (B.9)

fragmentos 16 de octubre de 2011

[...]hasta a su asesino.

El último mensaje que recibí de Alejandro fue precisamente uno donde el protagonista era uno de esos pequeños instantes en que una ráfaga de lucidez impregnaba algún encuentro casual.
Una madre tiraba de su hija que lloraba y berreaba por alguna razón desconocida que parecía no importarle mucho a la mujer.
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Fragmentos (B.8)

fragmentos 15 de octubre de 2011

[...]nada de nada.

El regreso a casa me dejó apagado, todas las sensaciones que habían aparecido en la ida se esfumaron en la vuelta. Encontrarme a punto de regresar a mi rutina no hizo más que avivar mi preocupación por Alejandro y arrastrarme a una tolvanera de pensamientos revueltos acerca de la importancia de las cosas. En apenas dos días, en la casa que Alejandro guardaba al misterioso Frank, la naturaleza de mi preocupación había cambiado.
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Fragmentos (B.7)

fragmentos 8 de octubre de 2011

[...]¿crees que es real?

Incluso una vez sabías que aquellas fotografías no eran tales, resultaba difícil creer que los pequeños matices, las tonalidades de la luz, los reflejos y las sombras eran el resultado de una serie de fórmulas matemáticas introducidas en una aplicación informática. Aparentemente, Alex había alcanzado un dominio asombroso de la herramienta a base de intentar reproducir en ella lugares que habían surgido en su imaginación como una forma de pasar el rato tras su desencanto con la fotografía.
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Fragmentos (B.6)

fragmentos 29 de agosto de 2011

[...]a un lado y otro de esa puerta?”.

Lo que Alejandro quería enseñarme en su estudio eran unas imágenes que colgaban tras la enorme mesa en un tablero de corcho situado en la pared que mediaba con la cocina. Allí había unas cuantas, todas ellas eran paisajes y todos con una belleza atrayente. Llamaron mi atención dos en las que la luz, el agua y la superficie representaban un equilibrio sorprendente.
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Fragmentos (B.5)

fragmentos 21 de agosto de 2011

[...] del otro lado

El hechizo había terminado. Así de simple y así de complejo. En algún momento había perdido la pasión y dejado de encontrar sentido a algo que él mismo había convertido en parte de su vida. Aunque después de aquella frase su discurso se volviese un tanto alborotado y desordenado, lo relevante ya estaba dicho con aquellas cinco primeras palabras. Podía uno entenderlas del todo o no, pero desde luego no podía ser ajeno a ellas y cualquiera que hubiese escuchado o visto hablar de fotografía a Alejandro diez años antes percibiría el drástico vuelco de la fascinación al desencanto que evidenciaban los gestos y las palabras.
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Fragmentos (B.4)

fragmentos 10 de agosto de 2011

[...]“Ya no puedo sacar fotos”.

El comienzo de una historia es siempre algo muy importante. Si pensamos en una novela, la primera frase marca el pulso de todo lo demás, coacciona al lector pero sobre todo al escritor. El mundo está lleno de grandes novelas con comienzos espantosos y de historias con comienzos brillantes que devienen luego en mediocres, es cierto.
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Fragmentos (B.1)

fragmentos 29 de julio de 2011

[...]para morir.

La casa en que se había establecido Alejandro gozaba de una amplitud generosa, puede incluso que excesiva, para una persona sola. Ocupaba la mitad de la primera planta de un edificio de típica arquitectura flamenca de dos alturas que seguramente había sido en su origen una única vivienda. El inmenso salón en que me desperté era claramente su centro y funcionaba como distribuidor de una residencia concebida sin pasillo alguno, lo que contribuía a acentuar la amplitud de la estancia al tiempo que lo cuajaba de puertas.
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