Leer es sustituto de soñar

personal 19 de abril de 2007

Hacía ya tiempo que no me quedaba leyendo hasta las dos de la madrugada, lo cual no debe de ser muy recomendable cuando uno tiene que levantarse poco después de las siete para ir a trabajar, pero un buen libro o un libro que consiga ‘engancharte’ es una de las pocas cosas que consiguen que te levantes más o menos descansado a pesar de haber dormido menos de seis horas.

Recién terminado, quería referirme a él. Me lo compré (en edición de bolsillo, por supuesto) hace ya unas cuantas semanas en la FNAC porque me sonaba el título de haber oido a alguien hablar de él (pero no recordaba si bien o mal) y porque me llamaba la atención el planteamiento. Después de un tiempo reposando en la habitación encontré el momento de empezarlo.
Se titula “Breve historia de los que ya no están” y lo firma Kevin Brockmeier. Tal vez no sea un prodigio literario, pero lo cierto es que ha conseguido que, una vez más, haya quitado tiempo de otras cosas para ponerme a leer y terminarlo en dos días escasos.

De lectura y libertad

Economía 31 de agosto de 2006

Leo en el blog de Miguel Angel Belloso una entrada en que se pregunta si se debe obligar (a los niños) a leer. Curiosamente, él opina que sí, como muchísima otra gente.
Belloso, que se declara liberal (y de derechas) y a quien además se le supone un buen conocimiento de la economía (la ciencia del comportamiento humano), afirma que se lee poco y ello es causa de los grandes problemas de comprensión y expresión (y tal vez de alguno más) de la mayoría de jóvenes. Y añade que esa carencia de hábito lector es consecuencia de la “ausencia de la animación a la lectura”.

Vale, hasta ahí estamos bastante de acuerdo, pero no veo cómo un liberal, conocedor de la economía puede deducir que la mejor forma de solventar ese ‘problema’ es mediante la imposición. O sea, obligando a leer. Vamos, ¡a la fuerza!. ¿Donde quedan los 'incentivos'?.

Me considero un lector bastante acérrimo desde siempre, y nunca nadie me obligó a leer. Sí recuerdo el esfuerzo de mis padres por, bien pequeño, proveerme de cuentos y tebeos (sí, también tebeos) y más tarde su preocupación por si me quedaba ciego de tantas horas delante de novelas de ciencia-ficcón.

PD: Sigo con mi visión intacta. ¡Todavía!.

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